¿Será cuestión del calentamiento global (cuyos efectos son veranos más cálidos e inviernos más fríos)? ¿Será que los inviernos en las ciudades donde se encuentran las mejores clientes potenciales de los diseñadores son más frías (Moscú)? Sea cual se la razón, una vez más, el abrigo es el gran protagonista de la pasarela.

Sin ir más lejos, hemos visto tres desfiles íntegramente dedicados a las pieles. Uno de ellos, el del peletero leonés Santiago del Palacio, el preferido de las fashionistas españolas, tiene una teoría muy clara en cuanto al por qué de la reaparición, casi masiva, de las pieles en los desfiles. Explica que las técnicas para trabajar la piel, son cada vez más avanzadas y hoy logran darle esa ligereza y movimiento que carecían antaño. Si recordamos los abrigos de nuestras abuelas, nos damos cuenta que poco tienen que ver con los de ahora. Los peleteros contemporáneos buenos, se distinguen por sus abrigos ligeros, cómodos y sin grandes hombreras, ni complicaciones.

Muchos diseñadores de moda como Arnaud Maillard y Álvaro Castejón, de Alvarno, cuentan con colaboraciones de peleteros como del Palacio, que son capaces de captar la modernidad de sus bocetos y crear prendas modernas que se adaptan a las necesitadas de los creadores. Entre otras cosas presentaron un chaquetón de piel de oveja, entre chaqueta aviadora y rockera, por la cual se interesaron todas las clientas.

Otra intervención de una peletera reconocida, se la debemos a Elena Benarroch, en David Delfín. Ella fue la responsable de elaborar las prendas en piel de oveja, como abrigos, chaquetas y hasta una falda tubo.

En el backstage, Ángel Schlesser hablaba de la que existen en algunas partes del país. El diseñador se ha adelantado, y predice que el invierno que viene será aún peor. O al menos eso parece, porque sus modelos iban enfundadas en abrigos de piel de estética retro, pero con los hombros marcados, o incluso chaquetones de piel con capucha y bolsillos para llevar las manos calentitas.

Y los que no usaron pieles, al menos hicieron alusión a ellas. Teresa Helbig elaboró estolas que recuerdan las de zorro (con cola incluida) e incluso manguitos, pero de plumas de marabú.